¿Fin de la monogamia? la institución quedó obsoleta

Actualidad 19 de octubre de 2021 Por Cristian Silverii
Otra vez el caso de Icardi junto a Wanda Nara abre un hilo de discusión al respecto. Las cuestiones de pareja a los que los argentinos somos tan afectos dan por sentado que el modelo monógamo es el único e imposible de poner en discusión.

Si la China, si Icardi, si Maxi, si Wanda, si Benjamin, si Tobal, si Cabré, si Nacho, si Pampita. Si la infidelidad actual.

 
Si Susana, Si Darín, Si Castaña, si Monzón, si Draghi, si Gonzaga, si Cavallero. Si la infidelidad hace 40 años.

Si Sandrini, si Merello, si Pastorino. Si la infidelidad hace 70 años.

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Desde hace 7 décadas, con más o menos prensa, sin Internet, sin redes sociales, sólo con revistas semanales y tapas provocativas, la realidad de amoríos cruzados, infidelidad, y chusmerios de familias rotas, engaños en la pareja, poligamias varias y lealtades de "baja intensidad" han ocupado los ratos libres de quienes se sentaban frente al televisor, luego la PC y ahora los celulares, a comer pochoclos mientras disfrutan del precio que pagan los "conocidos" por la imbricación entre fama e infidelidad.

 
Pareja rota, sexo e infidelidad: un combo que atrasa 100 años


¿No será momento de despertar a que no está mal ser "infiel" sino que la institución de la monogamia quedó obsoleta, y se transformó en una cáscara absolutamente vacía e hipócrita?

BIOLOGÍA, SEXO, PAREJA E INFIDELIDAD


Si hay "engaño" es porque existe un impulso humano a tener sexo a lo largo de la "vida útil" de los órganos ubicados en el cuerpo para tal fin.

Sin embargo como sociedad nos obstinamos en negar esa pulsión biológica ubicándola detrás del mandato moral de elegir a una persona para toda la vida, e institucionalizar que eso es "lo que está bien", y si no se respeta esa máxima, quien la transgreda será tramposo/a, pirata, turbia/o, puta/o, rompedor de familias y transgresor/a de lo establecido y normalizado como correcto y respetable.

Las personas innotas gozan de la impunidad de que, justamente, nadie los conoce, ni los ve, ni les importa, ni se enteran de su comportamiento habitualmente tan "deshonesto" como el de los famosos, aunque infinitamente menos interesante.

Pero millones no podrían sostener una vida monógama ni por una semana si no tuvieran "escapes" casi cotidianos en secreto.

Parejas rotas, divorcios escandalosos y millonarios, horas de consumo mediático asegurado, críticas al nivel de trampa o "zorrez", adjetivaciones despiadadas para unos y otros: todo basado en un paradigma que quedó vetusto hace décadas, pero nuestros esquemas mentales (y ciertos negocios colaterales) impiden modificarlos.

 
La infidelidad que no se le perdona a los famosos y que los innotos tenemos permitida, mientras no la detecte la pareja
¿Quién estableció la monogamia como el paradigma válido e inamovible para relacionarnos en el sexo todavía en el siglo XXI?

El porcentaje de seres humanos que lo respetan por convicción y fruición es insignificante. Quienes sí lo hacen es más por temor a ser descubiertos que por no desearlo verdaderamente.

La obligación de llevar una doble vida para disfrutar del sexo variado impide sentirse libre y "limpio/a", abriendo la puerta a un submundo en el que todo puede perderse de la noche a la mañana: amigos, familia, hijos, dinero, honor, fama, trabajo. Sólo si alguien llega a descubrir ese "desliz" y darlo a conocer. Todo (y sólo) por caer en la tentación de tener una relación sexual, ya sea real o virtual, después de años de convivencia y respeto eterno a esa máxima que dice que la única pareja será esa persona con la que se unió en monogamia para "siempre jamás".

Esta práctica ficticia que no respeta a la biología nos limita, nos atemoriza y subsume a la natural necesidad humana, ubicándola bajo unas leyes heredadas de costumbres (mayormente religiosas) que casi nadie respeta, pero que se mantienen en sus formas como hace más de 100 años.

La gran farsa del matrimonio de dos, del "uno para el otro", de la fidelidad, del compromiso y de la posesión sexual de los cónyuges, permite crear la ficción hipócrita de señalar con el dedo al que hace lo mismo que la mayoría, pero su única diferencia es haber sido descubierto.

Las normas con las que nos regimos son antinaturales y atrasan siglos, pero nadie se las replantea.

Si el sexo libre, separado del contrato de afecto que implica la sociedad conyugal, fuera la regla, estos deslices estarían contemplados para hombres y mujeres en cualquier cruce imaginado de géneros y no pondrían en la cuerda floja las relaciones afectivas de pareja, además de las económicas y éticas.

Sin embargo todo da a pensar que aún estamos a varias generaciones de que esta "mentira organizada", del jueguito del "uso exclusivo" del sexo dentro de la pareja deje de ser lo correcto, lo esperado y lo aceptado, para mantener el maquillaje de una sociedad civilizada, tradicional, ortodoxa, occidental y judeocristiana a la que escandaliza el sexo ilimitado.

fuente: sextacontenidos e infocielo

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